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Innovando en materiales sostenibles para envasado alimentario

El desarrollo de nuevos materiales biodegradables y/o provenientes de biomasa (los denominados biopolímeros) se plantea como una alternativa a los plásticos convencionales, a los que pueden sustituir en determinadas aplicaciones. Sin lugar a dudas, uno de los nichos donde mayor implantación pueden tener los biopolímeros es en envasado alimentario, que además de suponer el mayor porcentaje en la demanda de plásticos (sobre un 40%), es también el que genera mayores residuos (alrededor de un 50%) debido a su limitada vida útil.

A pesar de las previsiones sobre el crecimiento en el mercado de los biopolímeros, su actual tasa de mercado sigue siendo muy baja (inferior al 1%). Esto es debido a diversas razones, siendo la principal el coste considerablemente más elevado que el de los tradicionales plásticos sintéticos. Otra problemática de los materiales biodegradables con mayor implantación comercial (como el ácido poliláctico, los polihidroxialcanoatos o el almidón termoplástico) son sus limitaciones técnicas con respecto a su procesado industrial o sus propiedades finales, lo cual obliga al uso de ciertos aditivos, bien incrementando el coste final o limitando su biodegradabilidad. Adicionalmente, tanto el ácido poliláctico como el almidón se producen a partir de recursos que se emplean para alimentación humana o animal, siendo, por tanto, una estrategia poco atractiva desde el punto de vista de implementación a gran escala por razones obvias.

Como alternativa, en el grupo de envases del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC) en Valencia, estamos trabajando en diversos proyectos para para la obtención de biopolímeros a partir de diferentes tipos de residuos. Un ejemplo de un proyecto muy prometedor, es el POSIMAT (INNVAL10/19/009), concedido por la Agencia Valenciana de la Innovación (AVI), que persigue producir envases biodegradables a partir de los restos de Posidonia oceanica que el mar arrastra con frecuencia a nuestras costas.

Con esta aproximación pretendemos, por tanto, valorizar un residuo abundante en la Comunitat Valenciana y que tiene un impacto notable en las arcas municipales, ya que son las administraciones locales las encargadas de retirar los restos de esta planta marina que llegan a nuestras playas al final de su ciclo de vida. Y, además, dichos envases supondrían una alternativa sostenible al uso de plásticos sintéticos.

El proyecto está basado en un nuevo proceso patentado por el IATA-CSIC para optimizar la obtención de celulosa procedente de la biomasa vegetal, tanto de la Posidonia como de otras fuentes (como, por ejemplo, la paja del arroz), que reduce sensiblemente los costes de producción de bioplásticos. Los trabajos se realizan en colaboración con el Instituto Tecnológico del Embalaje, Transporte y Logística, ITENE, que está evaluando la capacidad de los materiales obtenidos para ser procesados por la industria. Asimismo, el centro tecnológico también se encargará de efectuar un escalado intermedio de la producción de estos materiales a partir de los trabajos desarrollados por IATA a nivel de laboratorio.

Este proyecto liderado por el IATA abre un nuevo campo para la fabricación y comercialización de envases biodegradables, dado que resuelve problemas recurrentes entre las alternativas presentes en el mercado. La optimización de procesos y el uso de residuos como materia prima no sólo permite abaratar la factura final de esta nueva generación de bioplásticos, sino que contribuye a impulsar la economía circular en la Comunitat Valenciana.

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