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Biometría ética, conectando personas en una sociedad contactless

La necesidad de que la tecnología esté siempre al servicio de los ciudadanos es un debate que vuelve a la actualidad casi con cada nuevo avance y que ha encontrado en la biometría a uno de sus protagonistas más recientes. La rápida acogida de los sistemas de reconocimiento biométrico ha abierto las puertas a formas de interacción mucho más rápidas, seguras y 100% contactless entre empresas, usuarios y administraciones, sustituyendo las contraseñas por la identificación de patrones en el rostro, el iris o incluso la voz. Estamos ante un cambio de paradigma, que debemos impulsar junto a un marco ético y legal claro, de la mano de una constante actitud divulgativa.

En este sentido, el Parlamento Europeo está siendo pionero al impulsar las normas que regirán la utilización de Inteligencia Artificial (IA) en los próximos años, entre las que se incluye la tecnología biométrica. El pasado 21 de octubre, la eurocámara aprobaba una iniciativa para instar a la Comisión Europea a diseñar “un nuevo marco jurídico que desarrolle los principios éticos y las obligaciones jurídicas ligados al desarrollo, la implantación y el uso en la Unión de la inteligencia artificial”. Un hito clave para consolidar el uso seguro, transparente y no discriminatorio de aplicaciones de reconocimiento facial, cuya adopción en ámbitos como la banca, la sanidad o la gestión financiera ya está mejorando la calidad de vida de millones de personas.

El papel que la biometría puede jugar en una sociedad cada vez más interconectada pero, a la vez, más abocada a evitar el contacto innecesario, se amplía a un ritmo vertiginoso. Ya en plena irrupción de la Covid-19, desde FacePhi hemos tenido la oportunidad de implantar un sistema de verificación de identidad de pacientes por reconocimiento facial en el Hospital Kangbuk Samsung de Seúl, sistema que evita llevar tarjeta médica física y las pérdidas financieras ocasionadas por el fraude. Gracias a un sistema parecido, combinado con un programa de lectura óptica de caracteres, los jubilados argentinos han podido dar fe de vida ante su banco y cobrar sus pensiones en pleno confinamiento, desde la seguridad de sus hogares. Desde hace meses, algunas de las mayores entidades financieras de Corea permiten a sus clientes confirmar la apertura de su cuenta bancaria desde su móvil sin presencialidad, con un selfie y una foto de su documento de identidad procesada por el software SelphID.

Sin duda, el reconocimiento biométrico ya está marcando un punto de inflexión en la forma de relacionarnos, y todo indica que la paulatina digitalización de la sociedad nos llevará al destierro no solo de las contraseñas, sino también de la falta de competencias digitales en amplios sectores de la población. Si la tecnología siempre debe ponerse al servicio de las personas, apostemos por impulsar la implantación y un marco regulatorio avanzado para la biometría, la única tecnología que funciona sobre la base de que cada ser humano es dueño de sus propios rasgos y expresiones, de las características físicas que nos hacen únicos y diferentes.

Usar lo que nos caracteriza como humanos para cerrar la brecha digital es, probablemente, la forma más inclusiva de hacer avanzar la tecnología, y debemos hacerlo de manera correcta, apostando por una biometría ética.

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