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Digitalizar la industria, apostar por el futuro

Desde que, en la Feria de Hannover de 2011, uno de los foros industriales más importantes a nivel global, el Gobierno alemán hablara por primera vez de “Industria 4.0” como concepto de la fábrica inteligente asociada a la cuarta revolución industrial, las principales economías del mundo pusieron en marcha diferentes programas públicos y plataformas para impulsar la modernización tecnológica de su tejido productivo. En esta línea, en 2015 arrancaba en España la iniciativa “Industria Conectada 4.0” dando paso a numerosas convocatorias de ayudas para la inversión a nivel nacional y regional, generando congresos y foros especializados de difusión y concienciación, y permitiendo consolidar una oferta tecnológica y formativa para el impulso digital de la industria que se ha traducido en notables casos de éxito.

Pese a los avances conseguidos, los principales indicadores[1] de economía digital nos revelan que la revolución tecnológica sigue siendo una asignatura pendiente en nuestro país, especialmente entre las pymes. Una situación que la pandemia provocada por la Covid-19 pone de mayor relieve por el creciente poder transformador y diferenciador de la tecnología digital, en términos de competitividad y capacidad de adaptación, en la que el riesgo de brecha digital entre empresas es cada vez mayor, y donde los bajos costes salariales han dejado de ser una alternativa. En esta coyuntura, resulta difícil pensar, incluso en el corto plazo, que una empresa industrial mantenga su posición competitiva sin añadir transparencia e inteligencia a sus procesos para un mayor control y eficiencia, sin trabajar en la capacidad de personalización y digitalización de sus productos, sin intercambio digital de datos a lo largo de la cadena de suministro, o sin explorar nuevos modelos de negocio para adaptarse a un cliente digital al que seguir generando valor gracias a la correcta gestión y explotación del dato como base para la toma de decisiones. Y todo ello sin olvidar el componente más importante de la Industria 4.0, las personas. Desde gerentes hasta personal de planta que requieren nuevas capacidades y estructuras organizativas para trabajar con herramientas que permitan explotar las nuevas formas de gestión digital de la industria.

Conscientes de esta situación, y desde el papel de los centros tecnológicos como agentes clave en la transferencia tecnológica, en ITI, centro tecnológico especializado en TIC,  hemos puesto en marcha The Data Room. Un espacio de referencia donde poder mostrar, de una manera cercana y práctica, y con equipamiento industrial de base, las posibilidades de la Industria 4.0 con la aplicación de tecnologías software punteras en torno al DATO, como elemento nuclear para la toma de decisiones: desde su captura, comunicación e integración en planta, hasta su procesamiento y análisis avanzado en la nube para el desarrollo de aplicaciones que transforman los datos en información de valor. Este espacio de demostración, experimentación y formación se concibe como respuesta a la necesidad de las empresas industriales de emprender su digitalización contando con una estrategia y objetivos claros, gestionando de manera correcta las expectativas respecto del potencial de aplicación de habilitadores digitales como el Big Data, la Inteligencia Artificial, el Cloud y Edge Computing o el IIoT. El objetivo de The Data Room no es contar qué es la Industria 4.0, es dar la posibilidad a las empresas de poder ver su impacto por sí mismas en un espacio de encuentro entre la oferta y la demanda con acceso a servicios personalizados para la definición y puesta en marcha de proyectos de innovación digital y desde la independencia tecnológica como principal activo.

Nos enfrentamos a unos años de incertidumbre y reconstrucción económica, pero también de oportunidad. A los programas públicos ya existentes, se sumarán los fondos Next Generation EU que cuentan con la digitalización como una de sus prioridades. Una oportunidad única para modernizar y consolidar nuestra industria, y también, por qué no, recuperarla, para convertirla en una industria inteligente, adaptada a la economía digital, y que siga siendo un motor importante para la generación de riqueza en forma de empleos estables y de calidad. En definitiva, una apuesta de futuro.

[1]  Índice de Economía y Sociedad Digital (DESI) 2020, Comisión Europea.

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