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En el último REDIT Summit, celebrado el pasado octubre en València, se habló mucho de innovación y de cómo la tecnología y el conocimiento impulsan empresas fuertes y hacen regiones prósperas. Porque cualquier innovación está condenada al fracaso, si no tiene su impacto en la sociedad, reconfigurando la estructura social, laboral y ambiental de una región, y haciéndolas más resilientes frente a crisis e incertidumbres internacionales, tal y como señaló el vicepresidente del Real Instituto Universitario de Estudios Europeos y profesor asociado del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), José María Pardo de Santayana, en ese encuentro. En su ponencia La competitividad como oportunidad geopolítica abordó cómo la innovación tecnológica y el dominio de sectores estratégicos se han convertido en actores geopolíticos de primer orden y señaló que la capacidad tecnológica de las regiones ya no es solo una ventaja comercial, sino una herramienta de soberanía y defensa en el nuevo orden global.
Un punto en el que coincidió con el escritor, exmilitar e historiador José Soto-Chica, quién argumentó, también en ese REDIT Summit, que la innovación tecnológica no es un fenómeno moderno opcional, sino el motor y la premisa fundamental para el avance socioeconómico de cualquier sociedad. En su ponencia Innovación y crecimiento socioeconómico, Soto-Chica analizó la importancia de la innovación como factor diferencial de las principales civilizaciones, cómo, a lo largo de la historia, aquellas civilizaciones que decidieron apostar firmemente por la innovación lograron imponerse y prosperar frente a las demás, y cómo esta debe ser premisa fundamental del desarrollo socioeconómico futuro de cualquier sociedad.
Una innovación que necesita de ecosistemas de innovación fuertes y que permitan una fluida transferencia tecnológica, que ese conocimiento científico aterrice en las empresas y llegue a la sociedad. Así lo defendieron tanto Javier Ventura-Traveset, responsable de la Oficina de Ciencia de Navegación de la Agencia Espacial Europea (ESA) y coordinador de los sistemas de posicionamiento en la Luna, y María Marced, ingeniera de telecomunicación y directiva ejecutiva especializada en microelectrónica, en la V edición del REDIT Summit. Javier Ventura-Traveset se enfocó principalmente en la importancia vital de la transferencia tecnológica y los últimos avances en la exploración lunar planetaria, explicando cómo las innovaciones disruptivas y los desarrollos nacidos estrictamente para misiones en el espacio exterior terminan aplicándose con éxito directo en el tejido industrial y empresarial cotidiano y reivindicando que la innovación real se consolida y «despega» justo en el momento en el que el conocimiento científico más complejo aterriza y soluciona desafíos prácticos de la vida real.
Por su parte, María Merced, en su ponencia La oportunidad del programa Chips Act 2.0, destacó el papel estratégico de la Comunitat Valenciana, posicionando a la región como un enclave y nodo clave en el mapa de diseño y desarrollo microelectrónico europeo y defendió la necesidad de crear ecosistemas colaborativos robustos, impulsados por la relación directa entre empresas locales, instituciones y los institutos tecnológicos de REDIT.
De hecho, todos los ponentes hicieron hincapié en que la I+D+i de las empresas locales e institutos tecnológicos de REDIT actúan como la primera línea de resiliencia frente a crisis e incertidumbres internacionales, como se demostró por ejemplo, durante la pandemia de covid-19, cuando el conocimiento experto de los profesionales de estos centros se aplicó para hacer frente a la pandemia, desarrollando pantallas protectoras, a través de sus impresoras 3D; aplicando la inteligencia artificial para la detección temprana de la neumonía; homologando productos sanitarios, o con diferentes proyectos vinculados al diseño y fabricación de respiradores, entre otros proyectos.
Y es que los institutos tecnológicos de REDIT son uno de los principales activos estratégicos con los que cuenta la Comunitat: han contribuido a captar 690 millones de euros de programas nacionales y europeos en los últimos cinco año, recursos que se traducen directamente en innovación, inversión y competitividad industrial, una fórmula idónea para la generación de puestos de trabajo de alta cualificación, aportación al PIB regional, impuestos… y, en definitiva, prosperidad para la Comunitat Valenciana.
Su papel ha sido clave para que la Comunitat esté ganando posiciones, año tras año, entre las regiones más innovadoras de Europa, con la consiguiente atracción y retención de talento de profesionales cualificados, científicos y emprendedores. Hoy en día, la Red de Institutos Tecnológicos de la Comunitat Valenciana es la principal red española de apoyo a la innovación en la pyme y una de las principales referencias en el marco europeo. A nivel nacional, solo en el País Vasco existe una red de similar importancia: la Basque Research and Technology Alliance (BRTA), una alianza de 17 centros tecnológicos y de investigación cooperativa, que trabaja de forma coordinada para generar nuevo conocimiento científico y acelerar su transferencia hacia el tejido productivo de Euskadi.
A nivel europeo, REDIT tiene como referentes varios sistemas basados en la alta especialización y en la transferencia directa de la investigación básica al mercado. El más destacado es la Fraunhofer-Gesellschaft (Alemania). Desde hace 75 años, la Fraunhofer-Gesellschaft es la mayor organización de investigación aplicada de Europa. Sus más de 70 institutos trabajan en áreas como la física de la construcción, tratamiento de datos o energía fotovoltaica, biomedicina, mecatrónica bioeconomía, la medicina inteligente, las tecnologías cuánticas, la inteligencia artificial y las tecnologías climáticas o investigación de polímeros.
Otro sistema paradigmático es la VTT Technical Research Centre, la mayor organización pública de investigación aplicada de Finlandia y un pilar del modelo de innovación nórdico. Actúa como puente entre la ciencia, el sector privado y el gobierno para impulsar la competitividad y destaca por su enfoque en la neutralidad climática, la digitalización y el desarrollo de tecnologías de base biológica para renovar la industria nórdica.
A estos dos modelos, podemos sumar otros dos ejemplos más en los Países Bajos (TNO) y el Reino Unido (Catapult Centres). TNO es la organización independiente (no forma parte del gobierno central, de ninguna universidad ni de una empresa específica) de investigación, desarrollo tecnológico y consultoría más grande de los Países Bajos y un referente clave en Europa. Fundada en 1932 trabaja entre otras, en las áreas de Energía, Movilidad y Entorno Construido, Salud, Defensa e Industria. Por su parte Catapult Centres es una red de nueve centros tecnológicos creados para transformar la capacidad innovadora de sectores específicos (como manufactura avanzada o terapias celulares), impulsando el crecimiento económico local, conectando la investigación académica y científica con el tejido empresarial.
Como se puede comprobar, todos estos sistemas, tanto los europeos como las redes autonómicas, comparten tres pilares estratégicos: orientación a la pyme (conectando ciencia, empresa, y conocimiento), financiación mixta (colaboración público-privada) y retorno social (en el caso de REDIT, por cada euro invertido en las actividades de los institutos tecnológicos se ha obtenido un retorno social de 16,48 euros).
Y también les une un mismo objetivo: que esa innovación que generan sirva para el desarrollo de su territorio, mejorando la productividad de sus empresas y creando un tejido empresarial diversificado y puntero, fomentando la creación de empleo y la atracción de talento, modernizando los servicios públicos y con soluciones que atiendan a las necesidades de las personas. En definitiva, elevando la calidad de vida de la ciudadanía e impulsando el desarrollo de territorios capaces de absorber mejor las crisis globales y que saben cómo hacerles frente con agilidad y flexibilidad.
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