La aportación de las mujeres ha sido fundamental en grandes descubrimientos científicos y, en los últimos años, se están haciendo grandes esfuerzos en visibilizar el importante papel que han jugado muchas mujeres en la ciencia. Algo esencial porque sin ese reconocimiento la proyección de la mujer en el ámbito científico sigue siendo escasa.
Nombres como Marie Curie (pionera en el campo de la radiactividad y la primera y única persona en recibir dos premios Nobel en distintas especialidades científicas: Física y Química), Ada Lovelace (reconocida como la primera programadora de la historia), Jane Goodall (primatóloga, etóloga y antropóloga que ha pasado a la historia por sus descubrimientos sobre los chimpancés) o Nattie Stevens (genetista que descubrió los dos cromosomas X e Y que determinan el sexo de un ser vivo), entre muchas otras, son referentes internacionales, porque sus aportaciones han sido claves en sus disciplinas y han dejado un legado y un camino a seguir en el ámbito de la ciencia y la tecnología.
Pero también hay otros nombres de científicas más cercanas (en el tiempo y de la Comunitat Valenciana) que hay que poner en valor y que muestran como la unión de mujer y ciencia ofrece grandes beneficios a la sociedad.
Por ejemplo, Pilar Mateo, una científica conocida por haber desarrollado una pintura resinosa que sirve para controlar la enfermedad de Chagas. O Isabel Fariñas, una bióloga valenciana que ganó el Premio Santiago Ramón y Cajal en 2024 por sus originales aportaciones a la biología de los factores neurotróficos y las células madre neurales y sus aplicaciones al tratamiento de enfermedades neurológicas. A ellas se suman Ana Lluch, referente valenciano, nacional e internacional de la investigación oncológica.
Por su parte, Ana Conesa, Dolores Corella y María Marced han sido pioneras en sus campos: Dolores Corella en la integración de la genómica en la investigación epidemiológica; María Marced, en la microelectrónica en España, siendo una de las mujeres que han conseguido romper más claramente el techo de cristal en los puestos directivos del sector tecnológico mundial (ha sido vicepresidenta y directora general para la región de Europa, Oriente Medio y África de Intel y presidenta de TSMC Europa), y Ana Conesa en el estudio del transcriptoma (conjunto completo de moléculas de ARN presentes en una célula, tejido u organismo en un momento determinado) y primera bioinformática en ingresar en la Real Academia de Ingeniería de España.
Otros referentes valencianas son Belen Franch, que ha trabajado en la NASA, organismo que la galardonó con la medalla de honor Early Career Achivement Medal por su contribución excepcional en el campo de la teledetección; Samira Khodayar, dedicada a avanzar en la comprensión científica de la meteorología y el clima en el Mediterráneo, con un enfoque particular en el ciclo hidrológico y el análisis de fenómenos meteorológicos extremos, y Sara Izquierdo, una de las 100 investigadoras y científicas más citadas según la lista elaborada por la prestigiosa Clarivate Analytics, que trabaja en un programa que avalúa el estrés en las plantas como uno de los grandes retos ante la emergencia climática, las danas, las olas de calor o la sequía.
Ellas, y muchas otras, son ejemplos del papel cada vez más relevante de las mujeres en la ciencia y en la innovación. Y de cómo sus aportaciones son claves para que la sociedad avance.
Esta presencia femenina resulta especialmente significativa en el contexto de la investigación y la innovación aplicada a la industria, donde la brecha de género sigue siendo uno de los principales retos del ámbito STEM. De ahí que haya que destacar las más de 1.140 mujeres que trabajan en los once institutos tecnológicos integrados en REDIT, lo que representa casi el 50 % del total de profesionales. En los institutos tecnológicos de REDIT, las mujeres participan de forma activa en proyectos de I+D+i vinculados a sostenibilidad, economía circular, nuevos materiales, logística, energía, salud o digitalización, contribuyendo directamente a mejorar la competitividad del tejido empresarial valenciano.
El impacto de esta actividad va más allá del ámbito científico y empresarial. Solo en 2024, la actividad de los institutos tecnológicos de REDIT vinculada a iniciativas de igualdad -según el estudio de impacto social de REDIT (SROI)- generó un impacto de 36,3 millones de euros para la sociedad, poniendo de relieve que la apuesta por un sistema de innovación más diverso e inclusivo tiene también un retorno económico y social tangible.
Además, algunos centros tecnológicos desarrollan iniciativas específicas orientadas a promover la igualdad, el liderazgo femenino y el desarrollo del talento científico. Es el caso de AIMPLAS, que impulsa acciones para visibilizar el papel de las mujeres en áreas científico-técnicas y fomentar su participación en proyectos de investigación avanzada; ITENE, que integra la igualdad de oportunidades en su estrategia de gestión del talento y promueve la conciliación y la carrera profesional en entornos tecnológicos; o ITC, que desarrolla iniciativas orientadas a reforzar la presencia femenina en la investigación y la innovación vinculada a la industria cerámica.
Algunos institutos tecnológicos desarrollan iniciativas específicas orientadas a promover la igualdad, el liderazgo femenino y el desarrollo del talento científico. Es el caso de AIMPLAS, que impulsa acciones para visibilizar el papel de las mujeres en áreas científico-técnicas y fomentar su participación en proyectos de investigación avanzada; ITENE, que integra la igualdad de oportunidades en su estrategia de gestión del talento y promueve la conciliación y la carrera profesional en entornos tecnológicos; o ITC, que desarrolla iniciativas orientadas a reforzar la presencia femenina en la investigación y la innovación vinculada a la industria cerámica.
En esta misma línea, el IBV incorpora la igualdad de oportunidades como eje transversal de su estrategia corporativa y de gestión del talento, promueve acciones para despertar vocaciones STEM entre niñas y adolescentes e integra el enfoque de género en el ámbito de la salud laboral en distintos sectores productivos. Por su parte, el ITE cuenta con un II Plan de Igualdad vigente y trabaja ya en una tercera edición, además de disponer de distintivos específicos en materia de igualdad que avalan su compromiso sostenido con un entorno profesional más equitativo. AINIA va por su cuarto Plan de Igualdad y el 56% de los puestos de liderazgo en el centro están ocupado por mujeres.
Estas actuaciones se complementan con planes de igualdad, políticas de conciliación y medidas de promoción interna implantadas de forma progresiva en la Red, con el objetivo de atraer y retener talento femenino en áreas donde la demanda de perfiles cualificados por parte de las empresas es creciente. Para el director general de REDIT, Gonzalo Belenguer, “avanzar hacia una mayor presencia femenina en la Red no es solo una cuestión de equidad, sino un factor clave para construir un sistema de innovación más diverso, competitivo y alineado con los retos económicos y sociales actuales”.
Sin embargo, es una relación en a la que sigue costando que se sumen más mujeres. En España, según el informe Mujeres Investigadoras 2023, de la Comisión Mujer y Ciencia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de 2023, solo un 42,6% en la escala de Científicos/as Titulares son mujeres. Y según la UNESCO, apenas el 33,3% de los investigadores en el mundo son mujeres, y en las carreras vinculadas a ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), apenas el 35% de los estudiantes son mujeres. La ONU reconoce que “las mujeres y las niñas siguen enfrentándose a barreras y prejuicios sistémicos a la hora de emprender carreras científicas” y advierte que la igualdad de género “en el ámbito de las ciencias es crucial para construir un futuro mejor para todas las personas”.